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2/17/2009

Navaja

Abrió la puerta con sigilo, esperando que no se dieran cuenta de su entrada, evitando el más mínimo sonido posible; incluso se sorprendió sin respirar mientras cruzaba el umbral de la puerta que conducía a la sala de la casa. "Sigilo ante todo", pensó al tiempo que revisaba en su bolsillo que la navaja estuviera ahí; sintió el botón que liberaba la hoja con el pulgar y apretó el mango de metal frío que resbalaba con el sudor de la mano. Caminó por el pasillo que le conducía a la alcoba de la planta baja donde dormía la sirvienta. Sujetó el pomo de la puerta y rezó mentalmente al dios en que no creía que no rechinara al momento de abrirse como sucede siempre en las películas; afortunadamente esto no sucedió y pocos segundos después se vio dentro de la alcoba de la mujer donde lo sorprendió la imagen de sangre que se cernía sobre la cama: la mujer, joven al parecer  (y bastante atractiva, apuntó para sus adentros) se encontraba desnuda en la cama con el cuello abierto transversalmente. Se acercó a la imagen y revisó el cuerpo, notó la sangre aún fresca y el calor del cuerpo: no tenía mucho tiempo muerta.
Tenía una fijación con la navaja, a pesar de la sobaquera que traía del lado izquierdo de la cual pendía la Smith & Weson .38 special, y aunque siempre era esta la que usaba en el último momento la extraña manía de sentir en la mano el mango de la navaja le tranquilizaba: era como un tic nervioso, incluso más que el cigarro que en esos momentos ansiaba.
Salió de la habitación y miró alrededor buscando un algo que le diera una pista, algo a que sujetarse  y no sentirse perdido en el vacío que poco a poco se cernía sobre él. Todo le indicaba que estaría allí, los casos anteriores, las similitudes, el cuerpo en la habitación era la última prueba que necesitaba. Con eso se ganaría el respeto de todos en la agencia, del Viejo incluso, aquél que le decía que siguiera sus corazonadas a pesar de los lejanas que pudieran parecer; eso mismo hacía en ese instante.
Caminó rumbo a las escaleras, parecía una sombra en la noche, una pantera cazando a su presa. Subió las escaleras con tal lentitud que los segundos que tardó en llegar al primer descanso le parecieron horas completas. Continuó su avance por la escalera.
Escuchó un ruido y maquinalmente se detuvo, esforzó su oido por volver a escucharlo: ahí estaba, un gemido entrecortado, que le hizo continuar su marcha dejando de lado tanta precaución. Otra vez el gemido, llevó la mano a la sobaquera y desenfundó, se parapetó contra la pared y avanzó hasta la puerta inmediata a la escalera, sintió recorrer el sudor en su cara, en sus manos que aferraron la pistola. Tomó la manija y abrió al tiempo que pateba con brusquedad la puerta apuntando al interior de la puerta.
Vio a la mujer tirada en mitad de la cama, amordazada y atada. En el piso, a sus pies, un hombre completamente desnudo con las manos y pies atados. Ambos sangraban profusamente pero era incierto saber la magnitud de sus heridas, no hasta acercarse. Se acercó al hombre y le miró, lo revisó buscando alguna herida por donde escapara la sangre, descubrió horrorizado el pene mutilado del hombre al igual que los testículos, aún vivía. Ella sólo tenía contusiones y sangraba de la nariz y boca por los golpes recibidos. Desató a la mujer que comenzó a llorar profusamente sin poder articular alguna palabra, sólo sollozos. Llamó a la policía y pidió una ambulancia y la presencia de oficiales en la casa. 
Regresó con el hombre del piso intentó calmar la hemorragia aplicando presión con la sábana en la zona donde debían encontrarse los genitales.
Lo último que escuchó fue el grito de la mujer y después de ello vino el golpe con el taburete en el rostro que lo dejó son sentido. Para cuando llegaron los oficiales el hombre castrado estaba muerto al igual que la mujer a la que encontraron con la garganta abierta en la cama, él despertó en el hospital donde estaba incomunicado y al parecer custodiado. Se le informaría más tarde que sus huellas fueron encontradas por toda la casa, que el arma encontrada había sido una navaja de resorte y con la cual se perpetraron los crímenes. 

2/09/2007

Faldas

Te fijabas en la falda de cuadritos que se movía delante de tí como si de ello dependiera tu vida. Era la tercera falda corta que veías en la noche desfilar delante de tí, moviéndose con la cadencia de la música del lugar; cachóndamente podríamos decir. Sabías que esta tercera falda corta haría lo que hicieron las anteriores y se marcharía del lugar, rompiendo la mística con que la observabas.
Terminó la primera canción, esperabas que poco a poco la chica comenzara una vez más a bailar, no podías despegar la mirada de ella, completamente hechizado por sus ojos, su boca, sus piernas... pero sobre todo esa pequeña falda que se movía al compás de sus caderas. Por fin comenzó la musica, algo más tranquila que la anterior. Tomaste el vaso frente a tí por inercia, sin despegar la mirada ni un solo segundo de ella; era rubía, como te gustaban desde siempre.
Poco a poco el baile se fue volviendo más y más erótico, observas el contoneó de sus piernas al flexionarse, la blusa blanca que poco a poco se fue mojando con el chorro de una manguera que salió de la nada, dejando ver los bien formados pechos y los pezones erectos.;dio algunas vueltas más y de espaldas se despojó de la recién mojada blusa y te la lanzó directamente a tí...
De un momento a otro voló la falda quedando la rubia en una diminuta tanga negra, medias y liguero. Sentiste que si te morías en ese momento no importaba. Ni pa' que decir que la güerita estaba buenísima; tu vecino de al lado te lo confirmó. Terminó la pieza, era uno de esos lugares donde no se quitaban todo, pero poco te importó; pediste otra cerveza justo cuando se acercaba la rubia de la faldita, te guiñó el ojo y te preguntó: "¿Te gustó, mi amor?", y te besó.
Algunas veces no sabías como fuiste tan afortunado de tener una novia teibolera, pero eso si, te gustaba...

3/07/2006

Desaparición (2)

Llegamos al edificio como a las diez de la mañana. José acababa de salir del auto cuando vi lo que sucedía cerca del lugar; dos ambulancias y una patrulla fuera de la entrada, gente alrededor queriendo saber que es lo que sucedía, qué había pasado en el departamento 7. Entramos después de enseñar las placas como era costumbre. Saludé a dos peritos que a menudo nos econtrábamos en estos casos y le pregunté a Fierro que es lo que había pasado.
Fierro llegó antes al lugar. Vivía cerca del lugar y el comandate fue el primero en asignarle el caso; Comenzó diciéndome los pocos detalles que sabía: dos chicas que estaban solas en el departamento. Se econtraban platicando y viendo la televisión hasta tarde. La mayor se durmió mientras la pequeña salió de su habitación. Después, la hermana mayor se levanto con un ruido, encontró el espejo roto y la puerta abierta. Le gritó a su hermana, pero no hubo contestación.
Después de eso, sólo quedó ella histérica gritando. Un vecino llamo a la policía y estos nos remitieron el caso después de unas cuantas horas infructuosas de búsqueda. Me preguntó para qué serán las ambulancias. Por lo que Fierro acaba de decir, la chica está en el hospital con una crisis de nervios; sus padres están en un viaje al extranjero desde ayer y regresan en tres días.
Subimos al departamento, un departamento chico como son en la Nueva Anzures, pero de los que son lujosos en varios sentidos; la zona es cara de por sí por estar cerca de Polanco; los edificios son demasiados prestigiosos y la zona es de los nuevos ricos de la ciudad. Aparentemente no hay nada raro más que el espejo roto en la habitación de las chicas, su cuarto no parece nada fuera de lo común, o lo que creo que es común; en mi departamento no pondría nada de esto que hay aquí: un poster de Jaime Camil, uno de Garbage, discos aquí y allá, revistas tiradas en el piso, una televisión, una mochila.... digo, nada fuera de lo normal.
José comenzó a revisar más profundamente otros aspectos del departamento, fue al cuarto de los padres y se perdió un momento allí. Ví una fotografía de las dos chicas abrazadas, no era muy nueva ni demasiado vieja, tal vez unos dos o tres años antes, pero no denotaba demasiados cambios. Fui hacia la cama de la derecha, estaba destendida, como si alguien hubiera tirado las cobijas a un lado, pero no deshecha completamente como la otra, ésta apenas mostraba haber sido ocupada unos instantes. Los restos del espejo en el suelo, pocos metros de la cama. Me agaché a observarlos, había algo que no me tenía completamente satisfecho con todo esto, no veía el más mínimo motivo en secuestro como era el que pensaba.
- Manuel. Ven, ve lo que encontré.

3/03/2006

Desaparición

Estaban solas en el cuarto sin nada más que hacer que ver la televisión como todas las noches acostumbraban. Ella, la mayor, estaba acostada en la cama con su pijama azul que tanto le gustaba a la pequeña. La pequeña estaba en el piso, sentada frente al aparato riéndose del programa cómico que estaba a esas horas. Ella usaba un short y una camisa sin mangas, hacía calor y no quería destaparse en la noche; por alguna razón le agradaba ver a su hermana con esa pijama que no era lo más apropiado para una noche de verando calurosa, como lo eran estos días.
Ella, la mayor tenía 20, la pequeña 17.
Serían las doce cuando la mayor dijo a su hermana que tenía sueño. La otra no quería que se durmiera, quería platicar, decía que no tenía sueño. Además era sábado el día siguiente. Ambas estaban molestas porque no las habían dejado salir; sus padres no estaban y consideraban demasiado peligroso dejarlas fuera sin ellos presentes. La pequeña, le comenzó a platicar sobre Mauricio, el chavo que le gustaba; la otra sólo asentía y decía pocas cosas. El sueño ya estaba apoderándose totalmente de ella. La pequeña, apagó las luces y se acostó en la cama de al lado, su hermana se acomodó en la suya y se tendió a dormir. La pequeña no quería dormir. Seguía demasiada molesta, aunque quería disimilarlo un poco con la mayor.
Definitivamente no podría dormir ahora. Optó por ir por algo de comer. Salió de la cama y de la habitación. Cruzó el pequeño pasillo y llegó al comedor y luego a la cocina. Abrió el refrigerador y la luz que salía de este iluminó la habitáción a oscuras. Tomó jamón y se lo comió, abrió un envase de leche y bebió de él. Regresó a la habitación.
Miró su imagen en el espejo gracias a las luces que se filtraban de la ventana. Se vió a si misma con su cara rodeada por sombras y oscuridad.
El ruido que siguió a continuación fue lo último que escuchó ella. La mayor despertó sobresaltada. Vio la cama de su hermana vacía; la puerta aún abierta y el espejo roto. Gritó el nombre de la pequeña: "Denisse". No hubo respuesta. Salió del cuarto y encendió la luz que no respondió. Intentó con otro apagador e iguales resultados. Gritó nuevamente su nombre. Sólo siguió gritando su nombre, hasta que se cansó.