11/04/2010

Esperaba el momento justo. Le miraba pasar de un lado a otro balanceándose sin importarle en lo más mínimo mi presencia, como si no existiera, cual fantasma que no puede ser visto por ojos humanos.

Lentamente me fui acercando, prepare mi mano para descargar el golpe mortal en el instante mismo en que giró y me vio… pero era demasiado tarde. Mi mano fue directo a su cabeza; el golpe tremendo le sacudió por completo y cayó. Dejó mi mano manchada con la sangre; y su cuerpo: una plasta embarrada. Nunca creí que fuera así de fuerte. Ni por un segundo me arrepentí de lo que había hecho. Al fin podría dormir. Maldito mosco infernal…

3/09/2010

La Entrevista

Esperaba sentada en la enorme sala sobre un sillón tan mullido que sentía que la tragaría como un poso de arenas movedizas. Revisó una vez más que la grabadora tuviese suficiente batería para la entrevista. Estaba tan nerviosa que sentía como sus manos chorreaban; comprobó nuevamente el olor que desprendía de sus axilas y le encontró agradable aún, por cualquier caso cargaba en su bolso un desodorante y toallas húmedas para cualquier emergencia: mujer precavida vale por dos.
Repasó mentalmente el tema de la entrevista: empezaría con cuestiones laborales como su nuevo disco, el rumor de la película de acción en la que su nombre sonaba bastante, y qué es lo que vendría después de la gira. Seguiría con cuestiones más personales: cuál era su opinión respecto al escándalo gubernamental de los impuestos, qué pensaba respecto al paso que muchos artistas dan hacia la política, que postura política presentaba en estos momentos. Finalizaría con algo imprevisto como el rumor de su sexualidad -que personalmente, le impacientaba a ella sobremanera-…
Estaba en éste último pensamiento cuando la puerta que conducía a la habitación se abrió. Lo primero que vio fue a una hermosa mujer vestida de traje sastre con una libreta en mano. Se levantó para saludar a la que era la secretaria que entraba con dirección a ella. Brevemente intercambiaron unas palabras donde la ayudante le recomendaba no ahondar en temas personales: ninguno sin excepción, ya que de no ser así la entrevista se terminaría al instante en cuanto alguno de estos temas se tocara; también le advirtió que ella estaría presente para verificar que todo estuviera en perfecto orden, y que además disponía tan sólo de 45 minutos ya que era una persona muy ocupada y tenía otras cosas en la agenda del día. Dichos estos lineamientos, la secretaria se retiró nuevamente por la habitación por la que había entrado a la sala avisándole que saldrían en unos cuantos minutos.
Viendo que gran parte de la entrevista que tenía planeada se estaba yendo al diablo, intentó replantear nuevamente el orden de las cosas: la primera parte podría seguir intacta, de la segunda podría realizar preguntas personales pero no tan profundas: los temas de política podría dejarlos pero maquillarlos un poco más, los de sus relaciones amorosas muy probablemente no saldrían a la luz…
Nuevamente fue interrumpida en sus pensamientos cuando la puerta se abrió.
Entraron, primeramente la secretaria seguida de Ella. Iba envuelta en una bata de seda, el pelo rubio recogido y unos lentes oscuros. La secretaría se acomodó en un sillón individual cercano a Ella pero unos pasos más atrás, de forma que podría escuchar completamente lo que se le cuestionaría. Ella por su parte se acercó al mullido sillón donde le esperaba y tendió la mano para que la estrecharan. Estaba nerviosa, dudó en contestarle el saludo debido a la humedad en las manos, pero finalmente lo hizo. Sintió la tersa piel de las manos de Ella, suave y fina, y un escalofrío recorrió su espalda. Se presentaron respectivamente, ella reportera de algún diario que venía a hacerle una entrevista a Ella; Ella, que no necesitaba presentación.
Ella se sentó en otro sillón tan mullido como donde estaba. Al sentarse, se abrió un poco la bata dejando ver las esplendorosas piernas bronceadas rematadas por unas zapatillas de tacón. No perdió ningún detalle de esto cuando nuevamente se sentaba al tiempo que encendía la grabadora para dar comienzo a la entrevista.
La primera parte de la misma se desarrolló como lo había planeado: la inspiración del nuevo disco había llegado repentinamente cuando terminaba la gira por España y no pudo menos que ponerse a escribir canciones y grabarlas; No, era mentira el rumor de su actuación en la película porque ni siquiera habían habido pláticas con los productores; y, primero debería comenzar la gira del nuevo disco y después ya se vería que es lo que viene… Después de esta parte laboral, dudó un poco con continuar con lo que tenía planeado. Le miraba a la cara, desprovista de los lentes oscuros desde casi el inicio de la entrevista, y no podía dejar de fijar la vista los ojos azules. Ella le sostenía la mirada y de vez en cuando sonreía de manera perversa a las preguntas. Su voz era limpia y fuerte, muy poco acento como imaginaba y a cada respuesta que le daba la sensación recorría su espalda. ¿Sería cierto el rumor…?
Continuaron, hablando de que opinaba del país y de su visita en años desde que lo había abandonado para irse a probar triunfo. Recordaron las primeras canciones y la diferencia con las nuevas, la profundidad de las letras de antes a las de ahora, incluso los cambios de ritmo. Ella sonreía sin parar e incluso de reírse con algunas de sus preguntas y comentarios. De un momento a otro, cuando le preguntó que pensaba sobre la famosa actriz que se había casado con un político, Ella se desamarró el pelo de forma muy sensual, lo cual no pasó desapercibido debido al titubeo en su voz al intentar aportar más la pregunta. La respuesta fue breve, dijo no estar de acuerdo en meterse en asuntos personales de otras compañeras, al tiempo que la mirada ojiazul buscaba los ojos cafés de ella.
Sintió cómo los colores subían a su rostro: Ella le miraba profundamente a los ojos. Nuevamente ese escalofrío, el sudor en las manos, ¿olería bien? Bajó la vista y se reconcentró en la próxima pregunta…
De pronto Ella le pidió a su secretaría -que había permanecido tras del sillón sin moverse, atenta a la entrevista- si podía ir a conseguirle algo de beber a la invitada ya que parecía que el calor apremiaba en la habitación. Imaginose roja como un tomate al oír que hablaba de ella tan casualmente aludiendo a su actitud. Se levantó del sillón y la bata dejo ver un poco más de las piernas broncíneas, comenzó a imaginar que habría debajo de esa bata y no pudo dejar de pensar en las fotografías en las que Ella había posado para una revista de caballeros. ¿Estaría desnuda debajo de la bata? La secretaría se levantó sin chistar y salió de la sala por una puerta contraria por donde habían entrado y la misma por la que ella entró. Ella se encaminó hacia la puerta y puso el seguro de la misma.
Sentía su corazón latir con fuerza, tanta que creía que se le escaparía del pecho en cualquier momento. Ella se sentó nuevamente frente a ella, ahora de una forma más descuidada, con las piernas abiertas; pero dudó un segundo y se reincorporó para sentarse junto a ella en el mismo mullido sillón. Dijo que para estar más cómodas en la entrevista. Volteó a verla, sentada a su costado y tuvo que volver la cara al encontrarse de pronto a un palmo de la de Ella, casi hincada sobre el sillón y con la bata bajándose un poco por los hombros. La imagen era sublime. Intentó seguir con la entrevista de la manera más profesional pero Ella comenzó a interrogarle: que otras cosas escribía, hacía mucho que era reportera, cuantos años tenía, tenía novio…
A partir de ahí, todo fue confuso. Recuerda como Ella se le trepó al tiempo que abría la bata dejando el cuerpo perfecto y completamente desnudo, como lo había imaginado tantas veces, a su vista. Los labios besándole, los ojos azules penetrando los suyos y las manos abriendo la blusa. Cómo poco a poco la lengua le recorría el cuello, la oreja y bajaba por entre el canal de los senos para llegar al ombligo. Le quitó el brasier y mordió juguetona los pechos. Despertó de su ensueño y se unió al juego besando su cuello y posando sus manos sobre las tan ansiadas nalgas de Ella…
Terminó horas después, desnudas, agotadas y sudorosas sobre el mullido sillón que ahora no le inquietaba en lo más mínimo el que la tragase. Se besaron una vez más y comenzó a vestirse. Recogió sus cosas mientras Ella se acomodaba nuevamente la bata de seda y se amarraba el pelo otra vez.
Meses después cuando otro nuevo rumor, el del romance con Él, se hacía más fuerte y enterraba al otro, escribió una nota para el periódico dónde afirmaba que Él y Ella pronto contraerían nupcias. Al terminar, sonrió satisfecha mientras le enviaba un “mentirosa” directamente al teléfono de Ella y reproducía nuevamente la grabación donde por más de tres horas podían escucharse los gemidos de ambas ese día de entrevista.